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March 11 WALT WITHMAN La Sociedad de los poetas muertos
August 29 FERNANDO PESSOA Y HETERÓNIMOS IIIBorrador manuscrito sobre el origen de los heterónimos(texto manuscrito, tal vez 1935) Tuve siempre, desde niño, la necesidad de incrementar el mundo con personalidades ficticias, sueños míos rigurosamente construidos, contemplados con claridad fotográfica, comprendidos por dentro de sus almas. No tenía yo más que cinco años, y, niño solitario y no deseando estar sino así, ya me acompañaban algunas figuras de mi sueño –un capitán Thibeaut, un Chevalier de Pas– y otros que ya se me olvidaron, y cuyo olvido, como el imperfecto recuerdo de aquellos, es una de las grandes saudades de mi vida. Esto parece simplemente aquella imaginación infantil que se entretiene con la atribución de vida a muñecos o muñecas. Era, sin embargo, más: yo no necesitaba muñecos para concebir intensamente esas figuras. Claras y visibles en mi sueño constante, realidades exactamente humanas para mí, cualquier muñeco, por irreal, las destruiría. Eran gente. Más allá de esto, esta tendencia no pasó con la infancia, se desarrolló en la adolescencia, se arraigó con su crecimiento, se volvió finalmente la forma natural de mi espíritu. Hoy ya no tengo personalidad: cuanto en mí haya de humano, yo lo dividí entre los autores diversos de cuya obra he sido el ejecutor. Hoy soy el punto de reunión de una pequeña humanidad sólo mía. Se trata, con todo, simplemente del temperamento dramático elevado al máximo; escribiendo, en vez de dramas en actos y acción, dramas en almas. Tan simple es, en su sustancia, este fenómeno aparentemente tan confuso. No niego, sin embargo –favorezco, incluso–, la explicación psiquiátrica, pero debe comprenderse que toda actividad superior del espíritu, porque es anormal, es igualmente susceptible de interpretación psiquiátrica. No me cuesta admitir que sea loco, pero exijo que se comprenda que no soy loco diferentemente a Shakespeare, cualquiera que sea el valor relativo de los productos del lado sano de nuestra locura. Médium, así, de mí mismo todavía subsisto. Soy, sin embargo, menos real que los otros, menos cohesionado [?], menos personal, eminentemente influenciable por todos ellos. Soy también discípulo de Caeiro, y todavía me acuerdo del día –13 de Marzo de 1914– cuando, habiendo “oído por primera vez” (esto es, habiendo terminado de escribir, de un solo sorbo de espíritu) gran número de los primeros poemas de El Guardador de Rebaños, inmediatamente escribí, al hilo, los seis poemas-intersecciones que componen Lluvia Oblicua (Orpheu 2), manifiesto y lógico resultado de la influencia de Caeiro sobre el temperamento de Fernando Pessoa. Fernando Pessoa
Publicado por Carlos H. Rasines Etiquetas: 1935, Heterónimos, Páginas íntimas En: www.ensayopessoa.blogspot.com …………………………………………………………………………………………………………………..
Datos biográficos de Fernando Pessoa y Heterónimos , por Antonio Tabucchi
Fernando Pessoa
Fernando António Nogueira Pessoa nació el 13 de junio de 1888 en Lisboa, hijo de Madalena Pinheiro Nogueira y Joaquim de Seabra Pessoa, crítico musical de un periódico de la ciudad. Cuando tenía cinco años murió su padre, enfermo de tuberculosis. Su abuela paterna, la señora Dionísia, sufría una grave forma de locura y murió en un manicomio. En 1895 se trasladó a Sudáfrica, a Durban, porque su madre se había vuelto a casar con el cónsul portugués en Sudáfrica. Hizo todos sus estudios en lengua inglesa. Volvió a Portugal para matricularse en la universidad, pero no continuó los estudios. Vivió siempre en Lisboa. El ocho de marzo de 1914 apareció su primer heterónimo, Alberto Caeiro. Le siguieron Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Los heterónimos eran “otros yoes”, voces que hablaban en él y que tuvieron una vida autónoma y una biografía. Inventó todas las vanguardias portuguesas. Vivió siempre en modestas pensiones o en habitaciones alquiladas. En su vida conoció un único amor, Ophelia Queiroz, empleada como mecanógrafa en la empresa de exportación e importación en la que él trabajaba. Fue un amor intenso y breve. En vida publicó solamente en revistas. El único volumen publicado antes de morir fue una plaquette titulada Mensaje, una historia esotérica de Portugal. Murió el 30 de noviembre de 1935 en el hospital de S. Luís do Franceses de Lisboa, debido a una cirrosis hepática, probablemente causada por el abuso del alcohol. ( En “ Sueños de sueños” Tabucchi agrega: (…) “ tuvo siempre la conciencia de ser un genio y el temor de volverse loco como le había sucedido a su abuela paterna. Sabía que era plural y aceptó este hecho tanto en la escritura como en la vida…”)
Alberto Caeiro
Alberto Caeiro da Silva , maestro de Fernando Pessoa y de todos los heterónimos, nació en Lisboa en 1889 y murió en provincias en 1915, tuberculoso como el padre de Pessoa. Pasó su breve vida en una aldea del Ribatejo, en casa de una tía abuela adonde se había retirado debido a su precaria salud. No hay mucho que decir acerca de la biografía de este hombre solitario y contemplativo que llevó una existencia alejada de todo bullicio. Pessoa lo describe como un hombre rubio, pálido, con los ojos azules, de estatura media. Escribió poesías aparentemente elegíacas e ingenuas. En realidad, Caeiro es un ojo que mira, un predecesor de la fenomenología que habría de surgir en Europa algunos decenios más tarde.
Ricardo Reis
Ricardo Reis nació en Oporto el 19 de septiembre de 1887 y se educó en un colegio de jesuitas. Era médico, pero no sabemos si llegó a ejercer su profesión para vivir. Tras la instauración de la República portuguesa, se retiró exiliado a Brasil, debido a sus ideas monárquicas. Fue un poeta sensista, materialista y clásico. Recibió el influjo de Walter Pater y del clasicismo abstracto y distante que fascinó a algunos naturalistas y científicos anglosajones de finales de siglo.
Álvaro De Campos
Álvaro de Campos nació en Tavira, en el Algarbe, el 15 de octubre de 1890. Se licenció en Glasgow en ingeniería naval. Vivió en Lisboa sin ejercer su profesión. Hizo un viaje a Oriente, en trasatlántico, al que dedicó la composición Opiario. Fue decadente, futurista, vanguardista, nihilista. En 1928 escribió la poesía más hermosa del siglo, Tabaquería. Conoció un amor homosexual y se introdujo de tal menera en la vida de Pessoa que arruinó su noviazgo con Ophélia. Alto, con el cabello negro y liso y la raya a un lado, impecable y algo esnob, con su monóculo, Campos fue el típico representante de cierta vanguardia de la época, burgués y antiburgués, refinado y provocador, impulsivo, neurótico y angustiado. Murió en Lisboa el 30 de noviembre de 1935, día y año de la muerte de Pessoa.
Coelho Pacheco
Nada sabemos de la vida de Coelho Pacheco. De él conocemos solamente un largo poema, Más allá de otro Océano, dedicado a Alberto Caeiro. Es un poema oscuro y visionario que parece un monólogo interior y que antecede a las experiencias del automatismo psíquico.
Bernardo Soares
No conocemos ni la fecha de su nacimiento ni la de su muerte. Llevó una vida modestísima. Era “ayudante de contabilidad” en la ciudad de Lisboa, en una empresa de exportación e importación de tejidos. Soñó siempre con Samarcanda. Es el autor de un diario lírico y metafísico que tituló Libro del desasosiego. Pessoa lo conoció en una pequeña casa de comidas que se llamaba Pessoa y en aquellas mesas, cenando, Bernardo Soares le contó su proyecto literario y sus sueños.
Antonio Mora
En la clínica psiquiátrica de Cascais acabó sus días el filósofo Antonio Mora, autor de aquel Retorno de los dioses que habría debido constituir el libro capital del neopaganismo portugués. Pessoa conoció a António Mora precisamente en la clínica psiquiátrica de Cascais. Alto, imponente, de mirada viva y barba blanca, António Mora recitó a Pessoa el principio del lamento de Prometeo de la tragedia de Esquilo. Y fue en esa circunstancia cuando el viejo filósofo confió a Pessoa sus manuscritos.
De : Antonio Tabucchi, Los tres últimos días de Fernando Pessoa, Editorial Anagrama, Barcelona, 1996. Pág.137- 140.
FERNANDO PESSOA Y HETERÓNIMOS II ( IMPERDIBLE!!!!JI)Álvaro De Campos
Tabaquería
No soy nada Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto, De mi cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es (Y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?), Dais hacia el misterio de una calle cruzada constantemente por gente, Hacia una calle inaccesible a todos los pensamientos, Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta, Con el misterio de las cosas debajo de las piedras y de los seres, Con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres, Con el Destino conduciendo la carroza de todo por el camino de nada.
Estoy vencido hoy, como si supiese la verdad. Estoy lúcido hoy, como si estuviese por morir, Y no tuviese más hermandad con las cosas Que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle.
La hilera de vagones de un tren, y un silbato de partida Dentro de mi cabeza, Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos al salir.
Estoy perplejo hoy, como quien pensó y halló y olvidó. Estoy dividido hoy entre la lealtad que debo A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera, Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fracasé en todo. Como no tuve ningún propósito, tal vez todo fuese nada. La enseñanza que me dieron, Descendí de ella por la ventana de detrás de la casa. Fui hasta el campo con grandes propósitos. Pero allí encontré sólo hierbas y árboles. Y cuando había gente era igual a la otra. Salgo de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo que no sé lo que soy? ¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso tantas cosas! ¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber tantos! ¿Genio? En este momento Cien mil cerebros se conciben en sueños genios como yo, Y la historia no señalará, ¿quién sabe?, ni uno, Ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras. No, no creo en mí. ¡En todos los manicomios hay locos pensativos con tantas certezas!
¿Yo, que no tengo ninguna certeza, soy más cierto o menos cierto? No, ni en mí… ¿En cuántas bohardillas y no-bohardillas del mundo no hay a esta hora genios-para sí- mismos soñando? ¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas, Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas, Y hasta realizables, Nunca verán la luz del sol real ni hallarán oídos de gente? El mundo es para quien nace para conquistarlo Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque Tenga razón. He soñado más que Napoleón. He apretado a un pecho hipotético más humanidades que Cristo, He hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió. Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la bohardilla, Aunque no viva en ella; Seré siempre el que no nació para eso; Seré siempre sólo el que tenía cualidades; Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta Y cantó la canción del Infinito en un gallinero, Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado. ¿Creer en mí? No, ni en nada. Derrámeme la Naturaleza sobre la cabeza ardiente Su sol, su lluvia, el viento que me busca el cabello. Y el resto que venga si viniere, o tuviera que venir, o no Venga. Esclavos cardíacos de las estrellas, Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama; Pero despertamos y es opaco, Nos levantamos y es ajeno, Salimos de casa y es la tierra entera, Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, pequeña; ¡Come chocolates! Mira que no hay más metafísica en el mundo que los chocolates. Mira que las religiones todas no enseñan más que la Confitería. ¡Come, pequeña sucia, come! ¡Pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes! Pero yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es hoja de estaño, Echo todo al suelo, como he echado la vida.)
Pero al menos queda la amargura de lo que nunca seré La caligrafía rápida de estos versos, Pórtico partido para lo Imposible. Pero al menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas, Noble al menos en el amplio ademán con que arrojo La ropa sucia que soy, sin orden, para el decurso de las cosas, Y quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas, O diosa griega, concebida como estatua que fuese viva, O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta, O princesa de trovadores, gentilísima y colorida, O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante, O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres, O no sé qué moderno – no concibo bien qué-, Todo eso, sea lo que fuere, que seas, ¡si puede inspirar que inspire! Mi corazón es un balde vaciado. Como los que invocan espíritus me invoco A mí mismo y no encuentro nada. Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta. Veo las tiendas, veo los paseos, veo los carros que pasan, Veo los entes vivos vestidos que se cruzan, Veo los perros que también existen, Y todo eso me pesa como una condena a la deportación, Y todo esto me es extraño, como todo.)
Viví, estudié, amé, y hasta creí, Y hoy no hay mendigo a quien no envidie sólo por no ser yo. Le miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira, Y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses (Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso); Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien le cortan la cola Y que es cola para acá del lagarto revolviéndose.
Hice de mí lo que no supe, Y lo que podía hacer de mí no lo hice. El disfraz que vestí era equivocado. Me tomaron luego por quien no era y no desmentí, y me perdí. Cuando quise quitarme la máscara, Estaba pegada a la cara. Cuando la tiré y me vi en el espejo, Ya había envejecido. Estaba ebrio, ya no sabía vestir el disfraz que no había Tirado. Acosté fuera a la máscara y dormí en el guardarropas Como un perro tolerado por la gerencia Por ser inofensivo Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles, Quién me diera encontrarte como algo que yo hiciese, Y no quedase siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente, Pisando bajo los pies la conciencia de estar existiendo, Como un tapete en que un ebrio tropieza O una espuerta que los gitanos robaron y no valía nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se quedó en la puerta. Lo miro con la incomodidad de la cabeza mal doblada Y con la incomodidad del alma malentendiendo. Él morirá y yo moriré. Él dejará el letrero, y yo dejaré versos. A cierta altura morirá el letrero también, y los versos también. Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo el letrero, Y la lengua en que fueron escritos los versos. Morirá después el planeta girador en que todo esto se dio. En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente Continuará haciendo cosas como versos y viviendo Debajo de cosas como letreros, Siempre una cosa enfrente de la otra, Siempre una cosa tan inútil como la otra, Siempre lo imposible tan estúpido como lo real, Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio de la superficie, siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿para comprar Tabaco?), Y la realidad plausible cae de repente sobre mí. Me yergo a medias enérgico, convencido, humano, Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario. Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos. Sigo el humo como una ruta propia, Y gozo, en un momento sensitivo y competente, La liberación de todas las especulaciones Y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia De estar indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla Y continúo fumando. Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.
(Si yo me casase con la hija de mi lavandera tal vez fuese feliz.) Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio En el bolsillo de los pantalones?). Ah, lo conozco: es Esteves, sin metafísica. (El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino Esteves se volvió y me vio, Me dijo adiós, le grité ¡Adiós, Esteves! , y el universo Se reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.
Mi intención era copiar una poesía de Pessoa y tres de sus heterónimos, pero elegí Tabaquería y me quedaron los dedos mochos de tanto teclear ,además se hizo tarde y se me cierran los párpados, motivos por los que copiaré las otras ( breves) cuando me recupere. ¡Ay! ¡Los años!
August 20 De " FERNANDO PESSOA, ANTOLOGÍA POÉTICA" SELECCIÓN, TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE RODOLFO ALONSO.
El domingo último leí por primera vez a Fernando Pessoa, del que había oído hablar tantas veces; la primera que me contó de él fue mi amiga Daniela ( quien siempre me recomienda lecturas). También leí un poco sobre él en textos de Saramago y Tabucchi. Y el domingo, tras largos años de tener ganas y olvidármelas (o chispazos de ganas) entré a una librería de Corrientes preguntando por Marossa Di Giorgio ( y cri, cri, no la tenían) , entonces me puse a husmear los libros de poesías y lo vi: ¡Fernando Pessoa! Compré una antología del escritor Rodolfo Alonso y esa noche disfruté leyendo las poesías ( ¿o poemas? : no sé la diferencia) de Pessoa y tres de sus heterónimos , a saber: Álvaro De Campos, Alberto Caeiro y Ricardo Reis. Los heterónimos no son seudónimos como podría pensarse al saber que un autor escribe firmando con otros nombres. Así lo explica Pessoa en la “ Carta sobre la génesis de los heterónimos” : (…) “ No podrá decirse que son anónimas o seudónimas, pues en realidad no lo son. La obra seudónima es la del autor en su personalidad, salvo en el nombre con que firma ; la heterónima es la del autor fuera de su personalidad, es de una individualidad completa fabricada por él, como si fueran los parlamentos de cualquier personaje de cualquier drama suyo (…) Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, investida de la música que le es propia, puse en Álvaro De Campos toda la emoción que no debo ni a mí ni a la vida (…) (Rodolfo Alonso, Fernando Pessoa Antología poética, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2005. Pág.14) Elegí este poema que abajo copio que hizo sobresaltar a mi marido – durmiendo a mi lado- por mis carcajadas mientras lo leía.
De Álvaro De Campos:
POEMA EN LÍNEA RECTA
Nunca conocí a alguien que se hubiera dado un porrazo. Todos mis conocidos han sido campeones en todo.
Y yo, tantas veces grosero, tantas veces cerdo, tantas veces vil, Yo tantas veces incontestablemente parásito, Indisculpablemente sucio, Yo, que tantas veces no he tenido paciencia para darme un baño, Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo, Que he pisoteado públicamente las alfombras de las etiquetas, Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante, Que he sufrido insultos y callado, Que cuando no he callado, he sido más ridículo todavía; Yo, que he resultado cómico a las criadas de hotel, Yo, que he sentido los guiños de los mozos de carga, Yo, que he hecho vergüenzas financieras, pedido prestado sin pagar, Yo, que cuando la hora del golpe sonó, me agaché Esquivando la posibilidad del golpe; Yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas, Yo verifico que no tengo igual en todo esto en este mundo.
Toda la gente que conozco y que habla conmigo Nunca tuvo un acto ridículo, nunca sufrió un insulto, Nunca fueron sino príncipes – todos ellos príncipes- en la vida…
¡Quién me concediera oír de alguien la voz humana Confesando no un pecado, sino una infamia; Contando, no una violencia, sino una cobardía! No, son todos el Ideal, si los oigo y me hablan. ¿Quién hay en este ancho mundo que me confiese que una vez fue vil? Oh príncipes, mis hermanos,
¡Arre, estoy harto de semidioses! ¿Dónde hay gente en este mundo?
¿Entonces sólo soy yo el que es vil y equivocado en esta tierra?
Podrán las mujeres no haberlos amado, Pueden haber sido traicionados:¡ pero ridículos nunca! Y yo, que he sido ridículo sin haber sido traicionado, ¿ Cómo puedo yo hablar con mis superiores sin titubear? Yo, que he sido vil, literalmente vil, Vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
December 21 DE " CARTAS DE AMOR" , BY ULTRAVIOLETAEl hilo de nuestra historia
(by Ultravioleta)
Los ojos
de aquellos hijos que nunca hemos tenido
me miran impacientes.
Exigen como siempre una respuesta
que no quiero, que no puedo, que no debo ni tengo.
No hay absurdo más grande
que lo tanto anhelado cuando hoy ya no es nada.
El hilo de nuestra historia
sesgado por nosotros.
Decididos a todo,
devenidos en Dioses!
aburridos de vida...
el cordón que destinado a elevar nuestros sueños
más allá de los cielos
tuvo el oscuro sino de cuerda de rescate
cuando lo único que quedaba debajo era el abismo.
Simplemente un hilo,
un cordón.
Como quieras llamarlo.
Eso es lo que cortamos.
Sin piedad,
la cinta que cerraba un regalo inmerecido,
un hilo de tinta continuado,
continuadamente escribiendo cada día,
el cordón que unía a nuestro hijo con mi carne.
Un hilo rojo de sangre,
despiadadamente
surcando nuestra historia.
¡Les recomiendo que visiten el espacio donde encontré esta conmovedora poesía !:
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